Salvador Liahut | Ingeniero UNAM


Siluetas Fortuitas




I: Desdén

Le escribí a una muchachita
como yo a mí me escribiera,
con amor y con ceguera
a esa fiera pequeñita.
Mas la niña es mamonsita
y mis rimas no recibe,
pues no sabe quién le escribe:
un don Juan, don Juan Tenorio;
sin llorar y con decoro
le grité cuánto la quise.


II: Ailleurs

Mi muerte ya no me llama,
se hace del rogar la niña:
como ya no me visita
yo pienso que ya no me ama.
Sólo quiero ver su cara
antes de morir allí,
lejos, muy lejos de mí,
para dormir en sus brazos
sin que me toquen sus manos,
sin que me aleje de sí.


III: Aquelarre

Era tu cuerpo la hoguera
y mis latidos el fuego,
crujir de llamas de encierro,
cumbre de muerte certera.
Con luz, más que sorda, ciega,
tocamos la llama doble:
llega a tu pecho, no corre,
vuelta mi mano tu sangre.
Nuestros labios, incesables,
mueren con tan sólo un toque.

IV: Señales

Y yo no le haré el amor
mas ella me hará la muerte,
borrará pasos inertes,
quitará inerte el calor;
yo no hallaré mi clamor
en el agua de sus pozos,
sino unos lentos sollozos
hechos semillas en tierra.
Apenas y crece, lenta,
la muerte que ya no lloro.


V: Ninfa

Con tu mano, la más blanca,
te desvistes; sobre el piso,
como si fuera un abismo,
caen tus prendas rasgadas.
Sedúceme tu voz parda,
secreta, que me susurra,
que en la cama nos acuna
y nos lleva hasta el abrazo.
Tomo tu piel en mis manos,
tu voz se torna ninguna.


VI: Lejanía

No me ves morir, amor,
puesto que, de ti, yo muero.
Cae mi cuerpo en tu cuerpo
y morimos sin temor.
Siento cerca tu calor
mas tú te encuentras lejana,
no me des caricias vanas
pues no haces más que callar.
Yo te quiero acariciar
y ya has partido sin nada.


VII: Espera

Si sólo había un mirar,
un terso y vano toque,
en nuestros labios, un rose,
y un sempiterno esperar;
cuánto deberé aguantar
si yo aún tengo tu aliento,
si aún me dejas sediento
y ebrio de tanto quererte;
si aún me dejas mecerme
en la ilusión de tus besos.


VIII: Pasos

Mi corazón se adelanta
y no sigue el segundero;
no alcanza el tiempo postrero
ni la muerte que le llama.
Oh, su sangre, cuán lejana
yo ya la hallo, yo la siento,
con sus vanos sentimientos
en la fuga silenciosa,
con su mar tan pretenciosa,
con el esperar tan quieto.


IX: Dibujo

Líneas furtivas, yo trazo,
yacen unidas al rostro
ciñéndose en esa foto,
escondiendo tu re-trazo.
¡No se escondan, esos labios!
Imagen móvil, danzante:
aire mío, suspirante,
que escapa para tenerte,
pues no sabe lo que es verte
y nunca poder besarte.





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