Introducción
El debilitamiento de la soberanía estatal, producto del proceso de globalización, permea en la porosidad de las fronteras nacionales, vulnerando la seguridad del Estado ante la existencia de grupos armados no estatales de alcance transnacional con la capacidad de incidir en sus crisis internas. Un claro ejemplo de lo anterior es el caso de la intervención del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) en el conflicto armado que tuvo lugar en la República Centroafricana (RCA) en el año 2012.
Pese a la gran relevancia del LRA para el estudio de grupos armados no estatales, éste ha sido merecedor de escasa bibliografía académica y poca atención de la comunidad internacional; esto debido a, por un lado, las dificultades teóricas que implica su análisis y, por otro, a que es considerado un problema viejo. Sin embargo, esto no significa que sea un problema resuelto.
Por lo tanto, el objetivo del presente ensayo es determinar la naturaleza de los intereses que motivaron la intervención del LRA en el conflicto armado de la RCA en el 2012, respondiendo la siguiente pregunta de investigación: ¿de qué tipo fueron los intereses que motivaron al LRA a intervenir en el conflicto armado en la RCA?
La hipótesis que se maneja es que los intereses del LRA para intervenir en la RCA son predominantemente económicos y responden a la codicia de este grupo armado. Con el propósito de constatarla, en primer lugar, se definirá el marco teórico; en seguida, se abordará el análisis central de la naturaleza de los intereses del LRA y, finalmente, se expondrán las conclusiones correspondientes.
Marco teórico
El LRA puede ser considerado un actor en el sistema internacional globalista, ya que de acuerdo con Restrepo (2013):
El mundo para los globalistas es entendido como una red de interacciones en la que participan gran cantidad de actores, tales como los Estados, las organizaciones internacionales, las ONGs, los medios de comunicación, los grupos económicos y financieros, los sindicatos, y en algunas ocasiones los grupos terroristas y los individuos.
Para la escuela globalista de las relaciones internacionales, “[un actor no estatal] puede llegar a ser más importante como actor internacional que un Estado, esto debido a que [el primero] posee una capacidad mayor para influir sobre otros actores internacionales, en comparación con la capacidad del Estado” (Restrepo, 2013). Si partimos de este supuesto, entonces el LRA puede ser capaz de influir sobre otros actores, incluso estatales, como la RCA. De hecho, Manuel Castells (1998) sostiene que “la capacidad del Estado-nación resulta decididamente debilitada por la globalización de las principales actividades económicas, por la globalización de los medios y la comunicación electrónica, y por la globalización de la delincuencia”.



Análisis
Es imposible comprender el surgimiento del LRA sin antes conocer la figura de su fundador: Joseph Kony, miembro de la etnia Acholi, originario de Odek (aldea ubicada en el norte de Uganda) y criado en medio de una importante familia de místicos. Una de sus tías, Alice Auma (también conocida como Alice Lakwena), lideró en agosto de 1986 un grupo insurgente contra el gobierno del presidente Yoweri Museveni: el Movimiento del Espíritu Santo, cuya base espiritual fue utilizada de forma similar por Kony (Global Security, 2015).
Joseph Kony –quien también aseguraba ser guiado por el Espíritu Santo– creó el Ejército Democrático Cristiano de Uganda en 1987, grupo rebelde cuya intención era luchar contra el gobierno ugandés para finalmente sustituirlo por un Estado teocrático basado en los diez mandamientos cristianos. En un principio, se puede inferir que su surgimiento respondió a la exclusión política de la etnia Acholi como consecuencia del golpe de Estado orquestado por Museveni contra Tito Okello, quien pertenecía al mismo grupo étnico.
Posteriormente, el nombre del grupo armado cambió al de LRA en 1991. Durante los siguientes 28 años, sus miembros se han dedicado a saquear, asesinar, violar y cometer toda clase de atrocidades, tales como la mutilación de labios, narices, orejas y extremidades de civiles. Desde su fundación, se calcula que es responsable de la muerte de más de 100,000 personas y del secuestro de alrededor de 60,000 niños y niñas, a quienes utiliza con fines militares y sexuales.
En el año 2008, en consecuencia del fracaso de las negociaciones de paz con el gobierno de Kampala, la dinámica estratégica del LRA cambió: Kony ordenó la separación de su ejército en pequeños grupos y su comunicación por medios convencionales que dificultasen su ubicación. Además, las distintas unidades del LRA se diseminaron por la República Democrática del Congo (RDC), la RCA y Sudán del Sur, representando un factor desestabilizador en la región al incidir en las crisis internas de dichos países.
En el caso de la RCA, el LRA intervino en su guerra civil, desatada a finales de diciembre de 2012 por la alianza rebelde Séléka, compuesta por facciones escindidas de antiguos grupos armados –en su mayoría musulmanes–, que lanzó una ofensiva contra el presidente François Bozizé, demandándole el cumplimiento del acuerdo suscrito en 2007 entre sus militantes y el gobierno centroafricano. De acuerdo con Naranjo (2013), “la coalición Séléka (que significa alianza en sango, la lengua nacional) es una heterogénea mezcla de partidos y milicias cuya principal amalgama era su rechazo a Bozizé”.
Bozizé logró detener dicha ofensiva a través de los acuerdos de paz de Libreville (11 de enero de 2013). Sin embargo, a finales de marzo del mismo año, la alianza rebelde volvió a movilizarse para exigir el cumplimiento de lo acordado, dándole al presidente un plazo de 72 horas. Pese a que Bozizé firmó dos decretos cediendo a algunas de sus exigencias, las fuerzas rebeldes continuaron su avance hacia la capital y, tras su entrada, éste se vio obligado a refugiarse en la embajada de Sudáfrica.
Un día después de la ocupación de la capital por las fuerzas rebeldes, Bozizé huyó a Camerún mientras que uno de los líderes de Séléka, Michel Djotodia, se autoproclamaba presidente de la RCA. La entrada de la coalición Séléka en Bangui trajo consigo una oleada de violencia y caos. Mientras tanto, Djotodia anunciaba que suspendería la Constitución y gobernaría por decreto durante tres años, hasta que fueran posibles unas elecciones democráticas y transparentes en 2016. En este ambiente de inestabilidad política y social se da el comienzo de la limpieza étnico-religiosa que azotaría a la RCA.
En los 54 años transcurridos desde la independencia del país, la minoría musulmana y la mayoría cristiana han vivido en relativa armonía (Wood, 2014). No obstante, con la llegada de Séléka al poder, se exacerbaron sentimientos de odio por parte de la mayoría cristiana –blanco de los actos de violencia– hacia la minoría musulmana, que no era tocada por los rebeldes. A lo largo del 2013, los cristianos se movilizaron en milicias de autodefensa denominadas Anti-Balaka (anti-machete) que, hacia finales de ese mismo año, repitieron la misma fórmula que había utilizado Séléka pero ahora en contra de civiles musulmanes. Desde diciembre de 2013, se registraron linchamientos, decapitaciones, violaciones, torturas y destrucción de forma cotidiana, así como enfrentamientos entre ambas milicias.
El 10 de enero de 2014, Djotodia presentó su dimisión, y diez días después, sería elegida como presidenta interina Catherine Samba-Panza, ex alcaldesa de Bangui, quien lideró el país desde entonces ante la repetida posposición de comicios electorales, los cuales, finalmente culminaron en febrero de 2016 con la elección del nuevo presidente Faustin-Archange Touadéra.
Pese a que el conflicto armado en la RCA fue de carácter local, se tiene conocimiento de que varias milicias extranjeras han intervenido en éste y que una de ellas es el LRA. De acuerdo con la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), se estima que el número de personas desplazadas por la amenaza del LRA aumentó de 131,090 en septiembre de 2014 a 180,000 en diciembre del mismo año (Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 2015). Además, se asegura que durante el verano de 2014, el LRA realizó 65 ataques a aldeas en la RCA que resultaron en 93 secuestros y 2 asesinatos (Musisi, 2014). Lo anterior demuestra que el LRA provocó una escalada en la guerra civil centroafricana, presentándose como un actor intransitivo que, posteriormente, pasó a ser transitivo al aliarse con una de las partes del conflicto: la milicia Séléka.
Superficialmente, la alianza entre el LRA y la milicia Séléka parecería contradictoria debido a las divergencias ideológicas entre ambos grupos armados –uno cristiano y el otro musulmán–, sin embargo, es la compatibilidad de intereses económicos lo que los une. “Hubo relaciones oportunistas entre el grupo político-militar [Séléka] y el LRA. Algunos reportes han indicado que ex militantes de Séléka están involucrados con el LRA en el comercio ilegal de diamantes y marfil” (Musisi, 2014).
Siendo la RCA un país con gran riqueza en recursos naturales, es de esperarse que en tiempos de crisis se convierta en un pozo de extracción para grupos armados no estatales ante la incapacidad del Estado para detenerlos. Cakaj (2015) asegura que grupos del LRA han saqueado minas de oro y diamantes en el este de la RCA, además, sostiene que Kony se encontraba escondido en el enclave de Kafia Kingi en Sudán, destino del marfil traficado por el LRA desde el Parque Nacional Garamba en la RDC a través de la RCA (véase imagen 1). Por lo tanto, este último país funge como punto de origen y tránsito de las actividades económicas ilícitas del LRA. Teniendo en cuenta lo anterior, podría argumentarse que la intervención del LRA en la RCA fue motivada por la codicia, no obstante, se requiere una investigación más profunda al respecto, ya que la evolución de los intereses y objetivos del LRA siempre ha estado en función de sus respectivas circunstancias.
Conclusiones
Sería demasiado simplista reducir a económico el tipo de los intereses que motivaron al LRA a intervenir en la guerra civil de la RCA debido a que se dejarían de lado elementos de análisis importantes. En primer lugar, es necesario identificar el verdadero fin tras la codicia de las actividades del LRA. Al respecto, Bevan (2007) expone que se continúa sirviendo principalmente la agenda de su líder, Joseph Kony, quien busca influencia sobre la región. Sin embargo, en lo que concierne a los comandantes de pequeños grupos integrantes del LRA, se demuestra que éstos sí persiguen beneficios individuales en que la alianza con Séléka fue negociada directamente por ellos en un nivel local, y sin obtener necesariamente el beneplácito de Kony. Tal divergencia de objetivos no resulta extraña dado que en los últimos años la deserción y desobediencia intergrupales han aumentado, en parte debido a que Kony ya no sustenta el mismo liderazgo ni es visto legítimamente como el líder espiritual del movimiento, aunque sigue detentando el mando supremo del LRA.
Actualmente, el único objetivo del LRA es su supervivencia, ya que sus tropas se redujeron a cerca de 200 combatientes organizados en pequeños grupos y diseminados en Uganda[1], la RDC, la RCA y Sudán del Sur. Bajo índice de desarrollo humano[2], pobreza, violencia, inseguridad y débil poder estatal son elementos que tanto la RDC, la RCA y Sudán del Sur tienen en común, y que los convierten en una excelente opción de refugio y campo de acción para grupos armados como el LRA. Mientras tanto, se sigue poniendo de manifiesto la débil cohesión de la Unión Africana (UA) en materia de seguridad colectiva; no obstante, paulatinamente se ha ido perdiendo nuevamente el interés de la comunidad internacional en Joseph Kony y en su LRA que, desde 2001, fue catalogado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos como grupo terrorista, cuyo liderazgo continúa en manos de miembros de la etnia Acholi.
Finalmente, he llegado a la conclusión que la codicia de los actos económicos ilícitos del LRA en la RCA constituyen un medio, no un fin. La naturaleza de los intereses de este grupo siguen girando en torno a los de su fundador, no por nada, en pocas palabras “Kony es el LRA” (Lancaster, Lacaille y Cakaj, 2011).
Referencias
Bevan, J. (2007). The Myth of Madness: Cold Rationality and ‘Resource’ Plunder by the
Lord’s Resistance Army. Civil Wars, 9(4).
Cakaj, L. (2015). Tusk Wars: Inside the LRA and the Bloody Business of Ivory. Enough
Project.
Castells, M. (1998). La Era de la Información Económica, Sociedad y Cultura. La sociedad
Red. Madrid: Alianza.
Collier, P., Elliot, V.L., Hegre, H., Hoeffler, A., Reynal-Querol, M. y Sambanis, N. (2003).
Guerra Civil y Políticas de Desarrollo. Como Escapar de la Trampa del Conflicto. Banco
Mundial/Alfa Omega.
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. (2015). Statement by the President of the
Security Council. Recuperado de
Global Security. (2015). The Lord’s Resistance Army (LRA). Recuperado de http://www.globalsecurity.org/military/world/para/lra.htm
Instituto para la Economía y la Paz. (2015). Índice Global de Terrorismo 2014. Recuperado
de
Lancaster, P., Lacaille, G. y Cakaj, L. (2011). Diagnostic Study Of The Lord’s Resistance
Army. Washington, DC: The World Bank.
Musisi, F. (10 de agosto de 2014). Kony’s collaboration with Seleka rebels sparks fresh
fears – UN. Saturday Monitor. Recuperado de
Naranjo, J. (25 de marzo de 2013). Una ola de pillajes y saqueos toma la capital de la República Centroafricana. El País. Recuperado de http://internacional.elpais.com/
internacional/2013/03/25/actualidad/1364232652_950779.html?rel=mas
Restrepo, J.C. (enero-junio de 2013). La globalización en las relaciones internacionales:
actores internacionales y sistema internacional contemporáneo. Revista Facultad de
Derecho y Ciencias Políticas, 43(119), 625-654.
Wood, G. (30 de abril de 2014). Hell Is an Understatement: A report from the bloody,
crumbling Central African Republic. The New Republic. Recuperado de
https://newrepublic.com/article/117519/central-african-republic-conflict-africas bloodiestfight
[1] El Instituto para la Economía y la Paz (2015) considera que Uganda es un país con un alto riesgo de terrorismo debido a cuatro características: ejecuciones extrajudiciales, falta de derechos políticos para las mujeres, carencia de cohesión intergrupal e inestabilidad política.
[2] La RDC y la RCA ocupan el penúltimo y antepenúltimo puesto, respectivamente, en el informe sobre Desarrollo Humano 2014 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
[1] Estudiante de sexto semestre de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad de Guadalajara.