Eder G. Victoria | INTERNACIONALISTA UNAM





Cada escrito o análisis de coyuntura no satisface mis deseos, 
ni la melodía de tu voz a cada momento de verte. 
En nombre de la historia y los ancestros, pido poder ver  
tus ojos.

Intento describirte a cada instante, en mi bitácora de viaje 
guardo con aprecio un recuerdo tuyo.

He descubierto que entre tus ojos habita la luna, radiante, 
imaginaria, vista por el cazador bosquimano, esa luna que 
me hace quererte.

Me es difícil  describirte y deletrearte, pues por más que 
escribo, siempre comienza otra historia contigo en África, 
sólo tuya y mía pues cuenta con muchos cerrojos.

Cuando toco tus manos, todos mis sentidos evolucionan, 
me pregunto ¿quién eres? o ¿quién serás?, no me basta 
mi imaginación o el ingenio a la vista para seguir 
escribiendo esa historia por toda África, la cual aún no 
concluyo.

Con tu cariño pintas mi corazón y mi alma, haces 
que diseñe la imagen real de un África en crecimiento y no 
en desarrollo, cubierta con una nube de ritmos por 
su música, misma que describo escuchándola a tu lado, 
dándonos sombra en ese paraíso.

Y sí llovizna sobre ese paraíso, causada por un conflicto 
y necesitamos refugiarnos pidiendo asilo en alguna 
Nación africana, y si no entendiéramos alguna lengua ancestral 
de esas, usemos el lenguaje de la luna entre tus ojos, 
que es universal, sin ellos, todos los lenguajes se desmoronan, 
con ellos podemos adentrarnos en lo profundo y continuar 
la historia, y lo anterior omiso.

He de confesarte que yo no estaba preparado, encontrarte, 
una historia… o bien ¡cosas del destino!

Esa historia anterior, con derrotas en el amor, mismas 
que parecen consumadas en tu amor, pues en el soy perdedor y 
vencedor, ya que el no es imaginario si no genuino.

Atrás dejé mis derrotas,  y hoy orgulloso por intentarlo 
nuevamente sin premura, pues ¿qué es el amor sino aventura? 
y de ti, lo mejor del amor es el peligro, contigo en África, 
una historia, el tiempo definirá mi corazón y amor por ti.